El papa Francisco nos invita a acoger, proteger, promover e integrar a quienes buscan un nuevo hogar.
La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2025, que se celebra el 5 de octubre, llega con un mensaje claro: esperanza. Tal como destacó el papa Francisco en la apertura del año jubilar, este momento invita a la Iglesia y la sociedad a mirar con atención y sensibilidad a quienes migran, reconociendo su dignidad y su aporte a nuestras comunidades.
Bajo el lema «Migrantes, misioneros de esperanza», la Jornada nos anima a reflexionar sobre la vida de hombres y mujeres concretos, con historias únicas y llenas de coraje. Su presencia no solo revitaliza nuestras comunidades con juventud y dinamismo, sino que también se convierte en un testimonio de fe y resiliencia.
Los migrantes y refugiados muestran que su motivación muchas veces no es solo personal, sino familiar y comunitaria, recordándonos que la esperanza se construye día a día, con gestos de solidaridad y cercanía. La Iglesia y la sociedad están llamadas a responder a este desafío mediante iniciativas de acogida, desde congregaciones religiosas y parroquias hasta entidades sociales, que trabajan silenciosa pero eficazmente por una sociedad más inclusiva.
Este 2025, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado se convierte en una verdadera celebración jubilar: un momento para agradecer, para inspirarnos en la esperanza que ofrecen quienes buscan un futuro mejor y para abrir nuestros corazones a la esperanza que solo Dios puede ofrecer.







