Después de la pausa del verano, todos llegamos con fuerzas para iniciar este nuevo curso con renovada esperanza y vivir a tope la apasionante misión de educar.
Ante nosotros tenemos un nuevo curso por tejer. Cada persona llega con su propio hilo: su historia, sus talentos, sus expectativas y su manera de aportar. Hilos diferentes que, al encontrarse, comenzarán a dar forma a todo lo que viviremos y compartiremos durante este curso.
Comenzamos, además, un curso con un nuevo Plan Estratégico que nos guiará hasta 2030. Esta hoja de ruta que hemos soñado juntos nos propone vivir la educación como una misión de cuidado. Para ello, deseamos:
- Promover relaciones sanas y auténticas orientadas al cuidado del otro, generando espacios inclusivos y reparadores.
- Creer y confiar en las capacidades de la comunidad educativa para que todos juntos participemos en el proyecto y asumamos nuestras responsabilidades con ilusión.
- Cultivar la interioridad en medio del ruido y la aceleración que nos rodean, haciendo vivo el mensaje de Jesús como modelo de vida actual en una Iglesia abierta, en la que cabemos todos.
- Acompañar al alumnado ofreciendo una enseñanza de calidad y consolidando el cambio metodológico, con especial atención al alumnado con NEAE.
- Promover la colaboración y el sentido de pertenencia de las familias en la vida del colegio.
- Fomentar el cuidado de la casa común y de todo lo que la habita para transformar la realidad desde el Evangelio.
Estos son algunos de los hilos con los que queremos ir tejiendo el curso: hilos de cuidado, confianza, interioridad, acompañamiento, colaboración y compromiso con nuestra casa común. Hilos que se cruzan y se necesitan para ayudarnos a reparar vínculos, despertar miradas y transformar la escuela.
El mundo en el que vivimos nos sigue retando en nuestra tarea como educadores. Las noticias de estos últimos meses, más que nunca, nos llaman a ser personas que eduquen para la inclusión, el diálogo y la paz. El valor que nos guiará este curso es un reto verdaderamente urgente para nuestro mundo.
Como cada año, nos esperan nuevas aventuras, retos, alegrías y también dificultades. Pero queremos ayudarnos a mantener nuestro propósito y conectar, una y otra vez, con la vocación educadora. Deseamos tener la mirada puesta en las personas que acompañamos y que nos necesitan para crecer, porque ellas son quienes dan sentido a nuestra misión de reparar educando.
Todos formamos parte de este tejido: alumnado, familias, educadores y personal de nuestros colegios. Cada persona es necesaria y cada hilo cuenta para construir la comunidad educativa que queremos ser.
El papa León XIV, cuya visita vivimos con mucha intensidad al final del curso pasado, nos propone ser personas y comunidades que construyen puentes, que buscan el encuentro y que no tienen miedo de caminar juntos.
Rafaela Mª decía que donde no hay unión no está Dios. Vivamos cada día de este curso unidos en todo como los dedos de la mano y dejémonos guiar por ella para crear unión y darlo todo por la paz.
Tenemos por delante un nuevo curso por tejer. Cada uno aportará su hilo y, entre todos, iremos dando forma a esta nueva historia.





